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Museo Laberinto de las Ciencia y las Artes: Día de Muertos

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Acerca del Proyecto

En el principio fue La Nada. La degeneración perversa y perfecta
que se devora así misma antes de que el todo pudiera nacer.
Pero ese mundo fue elegido por Algo más.

El Algo creció, reduciendo a La Nada a los últimos rincones. Más el
silencio permaneció, decretando la caía del Algo. Y el Algo escuchó. Y
tuvo miedo…

– Alak Sulu

Día de Muertos
Xantolo, recorrido visual en
la fiesta de los santos.

Son los tiempos que cabalga la nostalgia, el camino se presenta lleno de retornos hacia lo olvidado, hay encuentros de ensoñación, rescoldos de tiempo pasado, desde la Nada, los Santos se presentan con sus mejores trajes y amigablemente nos saludan bajo la noche donde la naturaleza de luz con su aroma peculiar bañan los recintos que guardan los secretos del ayer.

Este recorrido visual de la tradición del Xantolo en la región de Morelia, busca presentar a través del recurso de la imagen un poco de la riqueza simbólica que nos ofrece esta tradición del Xantolo, palabra introducida al náhuatl por la deformación de la frase latina festiumominum sanctorum, que quiere decir, fiesta de todos los santos.

Recordar nos invita a vivir nuevamente los secretos que atesoramos de las personas que ya no están con nosotros, los santos, que al volver de aquel lugar más allá del horizonte, revelan como cierto, el canto de ensoñación que Homero (Iliada y la Odisea) nos regaló con las aventuras de Odiseo, cruzar los senderos del Tártaro hasta las puertas del Sol poniente. El Xantolo es esta confirmación de que los que se han ido siempre regresan y se mantienen presentes en nuestro corazón y en la memoria del recuerdo.

Cada día dos del mes de noviembre se comparte el reencuentro con los santos y se viste su recinto con las flores que guardan el color de la luz, el amarillo, se acompaña de veladoras para señalar el camino, se sirve el agua para saciar la sed del peregrino. Cada uno de estos elementos simbólicos conforma el altar, recinto de los Santos, donde los restos viven bajo la tierra que da la vida y sobre el tiempo que la arrebata.

Es así que, el “mirar” expectante este recorrido en dos pueblos de la región de Morelia, Santa fe de la Laguna y Tzintzuntzan, invita a la reflexión del “estar”, la muerte es, quizá, sólo una despedida y nunca el adiós.

Pablo Melgoza Navarro

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Despedida

…el caso no ofrece
ningún adorno para la diadema de las Musas.
– Ezra Pound

Me despido de mi mano
que pudo mostrar el paso del rayo
o la quietud de las piedras
bajo las nieves de antaño.

Para que vuelvan a ser bosques y arenas
me despido del papel blanco y de la tinta azul
de donde surgían ríos perezosos,
cerdos en las calles, molinos vacíos.

Me despido de los amigos
en quienes más he confiado:
los conejos y las polillas,
las nubes harapientas del verano,
mi sombra que solía hablarme en voz baja.

Me despido de las virtudes y de las gracias del planeta:
los fracasados, las cajas de música,
los murciélagos que al atardecer se deshojan
de los bosques de casas de madera.

Me despido de los amigos silenciosos
a los que sólo les importa saber
dónde se puede beber algo de vino
y para los cuales todos los días
no son sino un pretexto
para entonar canciones pasadas de moda.

Me despido de una muchacha
que sin preguntarme si la amaba o no la amaba
camino conmigo y se acostó conmigo
cualquiera tarde de esas en que las calles se llenan
de humaredas de hojas quemándose en las acequias.
Me despido de una muchacha
cuya cara suelo ver en sueños
iluminada por la triste mirada de linternas
de trenes que parten bajo la lluvia.

Me despido de la memoria
y me despido de la nostalgia
-la sal y el agua
de mis días sin objeto-

y me despido de estos poemas:
palabras, palabras -un poco de aire
movido por los labios- palabras
para ocultar quizás lo único verdadero:
que respiramos y dejamos de respirar.

De “El árbol de la memoria” 1961
De Jorge Teillier

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